Cuento del vendedor de pescado

cartoon-fish-whales-pictureSaben la historia de Cotolay, ese joven pescador gallego que cansado de salir a la mar en su frágil embarcación un frío día de Enero decidió probar suerte abriendo un pequeño “puesto de peixe” ( puesto de pescado)  en Puentedeume

-Ya tengo el sitio preciso para poner el puesto-  dijo Cotolay a sus parientes, – mañana abriré  en el mercado de la plaza , espero que pronto me vengáis a visitar, vuestra opinión será siempre bien recibida.

Pero hay ayudas que matan, y la cosa empezó como sigue.  Cotolay inauguró su puesto colgando un precioso cartel pintado a mano por él mismo en el que debajo de un simpático pez sonriente se podía leer :  “AQUI VENDEMOS PESCADO FRESCO”.

Un día de garoa llegó de visita el padre de Cotolay, satisfecho de ver a su hijo prosperar no dudó en anunciarle sus opiniones al respecto del reclamo que figuraba en el cartel de la entrada. – Cotolay hijo, no sé si te has dado cuenta, pero en el cartel de la entrada a mi parecer sobra la palabra AQUI. Subestima la inteligencia de tus clientes, todos saben de sobra que es aquí, en tu puesto y no en otro, ¿ no te parece?.

Cotolay no lo dudo un instante, su padre sabía decir las cosas de manera que todo el mundo las entendiera, así que cogió la escalera, bajo el cartel y con cuidado cambio la leyenda por  “VENDEMOS PESCADO FRESCO”

No debía haber pasado mucho tiempo cuando dejose caer por Puentedeume , Horacio Buenavista Arrobes, Horacio, ahora  hombre letrado y de negocios que había triunfado en las Ámericas,  fue durante la infancia amigo de juegos y nenas de Cotolay. El caso es que nunca se supo explicar la razón pero Horacio que de vender cuecas y calzinhas en la pequeña tienda que le dejo su padre en Arteixo había pasado a ser  un reputado industrial a nivel internacional, era sin duda un hombre afortunado. – Coto amigo, hazme caso y quita del cartel la palabra VENDEMOS, en la actualidad se intercambian productos y servicios, se satisfacen necesidades, se complementa el mercado, se fidelizan clientes, se afilian voluntades, se descrema el mercado… pero ¿ vender ?, por favor no seas antiguo, hay que innovar… ¿lo entiendes?-. No había entendido ni papa, pero si lo decía Horacio – algo de verdad tendrá- , pensó el bueno de Cotolay. Y de nuevo cogió la escalera bajo el cartel y cambió la leyenda que ahora rezaba:  “PESCADO FRESCO”

El Verano llegó y con él la visita de la hermana de Cotolay a Puentedeume. Anabel eral la hermana mayor, educada desde rapaza como si fuera un neno, acostumbraba a ser algo impertinente en sus afirmaciones y decir aquello que pensaba sin importarle mucho las consecuencias, había destacado en los estudios y con el tiempo llegó a ser no sé que tipo de doctor en una universidad americana.  Llegó pasada la puesta de sol, como siempre con su andar poco femenino, tomó aire y sin mediar saludo le dijo a Cotolay.- ¡Cotolay, llevas un año en el puesto, todo el mundo sabe que tu pescado es fresco, y  el que no lo sepa ya, lo querrá descubrir por sí mismo, el cliente es quien decide y juzga si tu pescado es fresco o no,  ¡quita la palabra  FRESCO del cartel, carajo! . Y ya tenemos de nuevo a Cotolay, escalera en mano, bajando el cartel y cambiando de nuevo su bonito letrero que ahora reza ¡ PESCADO !.

Y con estas resulta que Cotolay recibió la visita de un señor muy estirado, -consultor de imagen-, dijo ser, y que con gran amabilidad y simpatía explicó a Cotolay la diferencia que ahora había entre vender pescado y emprender un negocio. – El riesgo tiene un gran poder creador Sr. Cotolay, no lo había usted pensado nunca, usted es la acción y sus clientes la reacción ¿ porqué anunciar pescado cuándo sólo por el olor se sabe que usted vende pescado?.

El puesto de Cotolay ahora no tiene cartel , el negocio va más o menos igual que cuando empezó, mucho trabajo y poco rendimiento- lo justo para vivir- , siempre señala Cotolay. Todos han tenido acceso al disfrute de la gestión de la publicidad de su negocio pero ninguno soportó personalmente el coste de sus acciones y Cotolay sonríe mientras se toma un aguardiente de cereza que le sirven en un puesto cercano en su mercado y repite en voz baja “Lo que es del común es del ningún”

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