Miedos, medios y remedios 2

fumanchu2Antes que todo parecía ir mal, siempre te encontrabas con alguien que  no sólo lo sabía, sino que además se empeñaba en dejarte en suspense sobre el futuro que nos esperaba y tú ahí, recién amanecido, removiendo el azúcar de tu café como un gilipollas.

Ahora que todo parece ir mejor, siempre te encuentras con algunos que también lo sabían y mira tú por donde suelen ser los mismos, mercachifles de la palabra, agoreros de lo ajeno, tertulianos de la queja, filibusteros de emociones…, que poco o nada contribuyen al ejercicio que ellos mismos reclaman para otros. Claro y como no,  tú ahí otra vez, recién amanecido, incorporándote a la vida como un gilipollas.

Es triste vivir en suspense, genera miedo. El miedo sin duda facilita gobiernos y consejeros. Teniendo en cuenta la disposición natural de muchas personas al miedo a lo desconocido y la de muchas otras a aprovecharse de ello, es fácil concluir que el miedo, sobre cualquier otra emoción -lástima-,  terminará triunfando más tarde o temprano. Siempre habrá alguien dispuesto a darnos miedo, a hacernos tener miedo o a recuperar nuestros miedos y ello antes que cualquier otra realidad, incluida la verdad. El miedo, no es broma, es un asunto serio, cuando es colectivo puede incluso llegar a ser solemne para muchos y hacer de ese miedo colectivo toda una religión.

Este miedo de ahora, es un miedo discreto que suele estar en manos de esa gente a la que llamamos prudente y a la que debemos agradecer que todo marche mejor de lo que debiera. A todos aquellos que cuidan de nuestra salud, de nuestra educación, de nuestro bienestar … ¿ o no ?.  Muchos de esos hombres y mujeres prudentes que hoy al frente de muchas organizaciones e instituciones utilizan el miedo como medio para gestionar, son esos hombres y mujeres prudentes que han sabido hacer de la discreción su más útil talento para ascender en la vida y cómo no para estar al frente de nuestra recuperación igual que estuvieron al frente de nuestra recesión.

En mi experiencia, una de las peores formas de suicidio de una organización es aquella que implica un discurso que no sólo ignora la realidad sino que la suplanta por una realidad propia. Las organizaciones e instituciones que comunican lo que dicen olvidando lo que hacen no dejan de ser organizaciones e instituciones abocadas más tarde o temprano al fracaso. La credibilidad de las organizaciones, de las personas que las dirigen, no está tanto en lo que comunican, en lo que dicen, está en lo que hacen. La esencia de una comunicación efectiva en un mundo tan técnicamente globalizado como el nuestro tiene algo que ver con el siguiente principio: “no es tanto lo que dices, es fundamentalmente lo que haces”.  Seguir este principio ayuda a que en las organizaciones que lo siguen  no se instale ese miedo que nos hace ver distorsionada la realidad, es desterrar fórmulas de gestión basadas en el engaño, la intimidación o la falta de esperanza. Son organizaciones donde las habilidades y las debilidades de las personas  forman el conjunto de comportamientos con los que quienes tienen la responsabilidad de gestionarlas asumen trabajar. Tanto las unas como las otras son igual de importantes al gestionar personas.

El principal remedio para rehacer cualquier cultura organizativa empieza por enfocarla hacia lo que se quiere obtener y no hacia lo que se teme. La forma más útil de responder al cambio es estar preparado para el mismo y no tenerle miedo , el miedo, siendo necesario, debe ser dominado porque sino sólo generará una cultura de incapacidades y falta de convicción en las personas. La prudencia es una cualidad muy valiosa pero sin duda hay otras que debemos cultivar del mismo modo como son la imaginación, la cooperación, el trabajo en equipo, el valor a equivocarse, etc. Busquemos discursos para ayudar y no para anular a las personas que trabajan o que conviven con nosotros, busquemos cuidar de nuestra gente, probemos a gestionar con caricias y no con exigencias, atreverse a que lo bienintencionado iguale lo ejecutivo, lo medible, el atavismo tribal. No hagamos leña del árbol caído, busquemos más responsabilidad y menos culpabilidad.

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