El lado oscuro del liderazgo

Recuperar un comportamiento ético en la gestión de las instituciones en general y las empresas en particular en un escenario económico como el actual, comienza a ser algo más que un discurso bienintencionado,  comienza a ser una medida de urgente necesidad entre otras, para recuperar el crédito frente a los mercados.

Cada vez en mayor medida existen evidencias que sugieren que aquellas organizaciones que integran en su gobierno políticas y prácticas que trascienden los intereses puramente económicos y favorecen con dichas prácticas al conjunto de sus stakeholders pueden obtener ventajas competitivas que, mantenidas en el tiempo, pueden generar mayor rentabilidad en sus operaciones comerciales, en definitiva pueden ayudar a la búsqueda de un éxito sostenible.

La cultura de una empresa o una organización es el reflejo de sus valores y es a través de la actuación de sus directivos o de las personas que al frente de las mismas la representan,  una de la  formas más evidentes de hacerla tangible y creíble. En este sentido el liderazgo adquiere una importancia estratégica que favorece la posición competitiva de la empresa en la medida que puede poner en valor la cultura de la empresa, frente a sus competidores, frente a sus clientes, frente a sus empleados…etc.

Sin embargo y a pesar de ser lo anterior evidente, en los últimos tiempos el concepto de liderazgo y  la conducta que implícitamente representa, se ha prostituido notablemente, me refiero a que en mi opinión, a fuerza de generalizar el término, éste se ha convertido en algo ambiguo, inconsistente y superficial, incluido en ese ideario del mundo moderno en el podemos obtener todo aquello que se puede vender o comprar y ello sin detenernos a pensar si era posible vender/comprar liderazgo, por ejemplo, del mismo modo que antes nos vendieron y compramos dietas milagrosas con las que se nos prometía adelgazar en unos meses.

A mí me parece que ejercer sobre otros una sana ascendencia intelectual y moral requiere algo más que un seminario de formación sobre habilidades de liderazgo subvencionado con fondos públicos o un sofisticado curso en una importante escuela de negocios, seguro que son necesarios pero no suficientes y  creo que también requiere una serena reflexión sobre la calidad de la meta perseguida, requiere un sentido de propósito en nuestra actuación, requiere no tan sólo un qué y un cuánto, requiere un cómo llevo adelante mi forma de conseguir un qué y un cuánto, ya que parece cumplirse que de no ser así, de no conseguir este tipo de liderazgo, sus seguidores pueden verse asociados a perjuicios incalculables tal y como nos demuestra constantemente la historia de la humanidad.

Claro que algo tendrá que ver en que nos desayunemos a diario con algún escándalo financiero, ético, moral, organizativo, político…etc., el que durante años hayamos insistido de manera general en trasladar al ideario social  un  concepto de líder más cercano al héroe de un cómic de aventuras que al de una persona normal educada en  los valores de una sociedad con una fuerte tradición cultural.

En todo este desbarajuste, a ninguno de nosotros se nos oculta la extendida voluntad humana por obedecer incluso órdenes terribles a lo largo de la historia, de lo que sin duda se aprovechan determinados tipos de liderazgo que en mayor o menor medida hacen uso de esa especie de hipnosis generalizada que provoca a veces el término y cuando nos queremos dar cuenta ¡ ya la tenemos liada parda!.

Ahora que la euforia del éxito conseguido con dinero fácil ha dado paso en la mayoría de las organizaciones a una comedida prudencia puede ser momento para disciplinar algo más que la cuenta de pérdidas y ganancias- necesario sin duda- , pero también es tiempo de dominar la vanidad y la banalidad de algunos tipos de éxito, sometiendo el liderazgo al contraste de opiniones tratando de encontrar líderes auténticos que conjuguen talento, carácter y sean ejemplo para los demás.

En definitiva, lo que trato de decir es que un comportamiento decente debe tener otras raíces además del cálculo del interés propio. Si la generosidad y el valor merecen nuestro respeto y admiración colectiva, qué impide que sea también reconocida en primera línea de la gestión de las empresas o la dirección de las organizaciones e incluso recompensada.

Al frente de las organizaciones, las empresas y los equipos de colaboradores necesitamos liderazgos sólidos y verdaderos, ausentes de eufemismos, palabras vacías,  demagogia y  fundamentados en valores reconocibles en nuestra cultura. Valores que por ser ancestrales no dejan de ser válidos en tiempo presente, valores que identifican un liderazgo positivo y basado en el bien común por otros que esconden única y exclusivamente el interés propio.

  • El valor para enfrentarse a diversas circunstancias y problemas
  • La prudencia y la moderación
  • Una actuación presidida por la liberalidad
  • La magnanimidad con las personas
  • La reflexión previa
  • La sensibilidad ante las emociones de los demás
  • La verdad mantenida ante cualquier situación
  • La agudeza en todos los asuntos
  • El sentido del humor
  • La justicia y equidad ejercida con firmeza
  • La exigencia en la responsabilidad
  • La delegación

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1 comentario

  1. Bienvenido Mister “Free Job” |

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