Ethos, Pathos y Logos “Todos para uno y uno ….”

img-mosqueterosQue el mundo está cambiando de manera vertiginosa es algo ya convencionalmente aceptado. Que dichos cambios traen consigo interacciones sociales, económicas, políticas, medioambientales, etc., y que éstas exigen, en mayor medida que nunca hasta ahora en la historia de la humanidad, una comunicación más convincente y efectiva, es algo de lo que da muestra la falta de confianza e identificación que se ha instalado en lo que respecta a todo lo que tiene que ver con organizaciones e instituciones.

No todo lo que puede ser contado  cuenta y no todo lo que cuenta puede ser contado ( W.B. Cameron)

La globalización, las nuevas tecnologías y los cambios culturales que acompañan todo lo anterior han elevado a la categoría de estratégica la comunicación en las empresas, ha dejado de ser “La Cenicienta“- la hermanastra pobre – para convertirse en el vehículo, en el marco necesario para interactuar con éxito frente a empleados, clientes, proveedores, stakeholders en general y clave en la creación de las interdependencias requeridas por los grupos de individuos que persiguen una meta común.

Sin embargo, seguir a pies juntillas el fatal espejismo de pensar que la información deliberada puede sustituir al proceso natural de la comunicación ha sido una de las peores contribuciones que determinados personajes públicos y privados han podido hacer a la forma de gobernar y gestionar empresas y organizaciones. Convertir, en beneficio de dudoso interés colectivo,  la obligación del verbo “debe ser” referido a la transparencia y sinceridad que requiere una comunicación profunda por el verbo de probabilidad “debe de ser”, propio del slogan, es el efecto más evidente y motivo del creciente desencuentro entre instituciones y ciudadanía en general, empresas y empleados en particular.

Cuando las palabras pierden su significado, el pueblo pierde su libertad. ( Confucio)

La comunicación en las organizaciones cada vez en mayor medida requiere ser un proceso dinámico y sofisticado, pero no por ello menos creíble. La credibilidad en la comunicación está escoltada por uno de nuestros mosqueteros, ETHOS.  Para Ethos es la conducta lo que cuenta, las acciones hablan más alto que las palabras, “no es lo que dices, no es cómo lo dices, es lo que haces”, sería su divisa. Sin Ethos, sin ética, sin credibilidad, la comunicación no deja de ser artificiosa, carente de alma, no transmite confianza, no es capaz de conectar con los sentimientos, los deseos y anhelos de los que escuchan. Sin embargo, el peligro está en que la falta de valores éticos en la actuación sólo se mide en el actuación de los demás y  al final todo se queda en un discurso más o menos bienintencionado a la espera de que por una especie de generación espontánea florezcan esos valores. Mediante Ethos la comunicación, las palabras, se fundamentan en valores vividos y se convierten en guías de la acción.

No puede comprenderla quien no la experimenta ( Dante) 

La capacidad para la comunicación a la hora de transmitir una idea, hacerla comprender y conseguir que el auditorio se sienta identificado con un proyecto, con una meta, que lo sienta como suyo propio requiere de otro de nuestros mosqueteros, la comunicación efectiva requiere pasión, es PATHOS. Muchos líderes se han beneficiado de Pathos, sabiendo recoger mediante él mismo la voz desafiante de los desposeídos y de los derrotados.

Las emociones forman parte inseparable de nuestra vida racional, pensamos y sentimos o viceversa, pero lo uno suele estar acompañado de lo otro en todas las ocasiones. Sin embargo y a pesar de ser plenamente conscientes de esta idea, la mayoría de las organizaciones han sido concebidas, entre otros, con el objetivo de tratar de controlar las emociones de las personas que las integran, digamos que son  empresas y organizaciones con una comunicación free-emotion, libre de emociones. Comunicar de manera ilusionante requiere pasión en el mensaje, una pasión contenida pero verdadera. Reconocer la realidad práctica del mundo que habitas y comunicar según esa realidad ya no es suficiente.

En último lugar, pero no menos importante nuestro mosquetero LOGOS, el conocimiento, el razonamiento, la argumentación necesaria para transmitir una visión que permita a través del conocimiento de la realidad las adaptaciones necesarias para conseguir los fines. Una comunicación sin complejos, directa y auténtica, incluso intransigente en algunos momentos.

Ten segura la materia, por sí mismas seguirán las palabras (Catón el Viejo)

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