La milla milagro

influence-e1445614243175-750x422Corría el año 1954, por entonces la ciencia del momento postulaba por la imposibilidad para el ser humano de poder romper la barrera de los 4′ en la prueba atlética de la milla ( los 1.609 metros). Tal era el convencimiento en la imposibilidad de conseguirlo que los diarios más prestigiosos llegaron a publicar que, sólo el intentarlo podría acabar con la vida del temerario. Desafiando cualquiera de esos fatales augurios, apareció un sencillo hombre, Roger Bannister, quien probó por sí mismo el error de todos aquellos que tenían una visión limitada de las cosas, corrió y lo consiguió…desde entonces su hazaña fue conocida por el mundo entero como “La milla milagro.

Las personas, puestas en situación de elegir, tendemos por naturaleza a la opción que mejor garantiza nuestros intereses personales, nuestros ideales, nuestras aspiraciones o nuestros sueños. Ese egoísmo innato, a riesgo de ser entendido por algunos como algo intrínsecamente despreciable, ha sido, es y será esencial en el desarrollo de la humanidad en su conjunto. Que la opción elegida para satisfacer esos intereses sea de mayor o menor riesgo, de más o menos solidaridad, dependerá en gran parte del carácter o del temperamento de la persona, pero también de las condiciones objetivas del entorno y del legado cultural y moral de la sociedad en que se desarrolle la elección.

La actividad vital de emprender con ánimo de logro será siempre competitiva y la actividad competitiva será siempre emprendedora. En este contexto, pierde sentido el concepto de ganadores o perdedores, el mayor obstáculo para alcanzar “lo imposible” puede ser una limitada creencia en uno mismo. El poder generador de la competencia iguala a ganadores y perdedores, hay perdedores porque hay ganadores y  viceversa, lo uno no tiene razón de ser sin lo otro, ambos, en su ánimo de competir contribuyen  a alcanzar y acrecentar el bienestar común, ambos son igual de importantes en la interacción social de una economía moderna.

Sólo las organizaciones que cultivan entre sus empleados el competir con uno mismo,  el no tener miedo a recibir o pedir un honesto feedback sobre su actuación y el animar a celebrar los éxitos personales como propios, serán competitivas y por lo tanto capaces de mantener y generar empleo. Las tensiones inútiles de esas otras organizaciones que todavía hoy, pretender mejorar sus resultados poniendo en competencia a sus propios empleados, alimentando diferencias artificiales, contribuye a generar una idea que aporta muy poco a la organización y , -a mi parecer-, absolutamente nada a las personas que en ella participan.

En la idea de competencia con uno mismo, ganar no siempre es sinónimo de ser el más fuerte, ganar no siempre es sinónimo de ser el primero, en la idea de competencia con uno mismo nos reinventamos constantemente,  nos adaptamos mejor a las circunstancias , al entorno, a nuestro presente. Las victorias o los fracasos no desaparecen,  pero en ello  ya no hay ganadores o perdedores,  hay competitividad que en vez de exigirme sacrificios  nos exige elecciones.

La mayoría de los atletas de élite mantienen la habilidad de fijar sus metas y aspiraciones en el largo plazo, conocedores sin embargo de que  sus entrenamientos  tienen que estar dirigidos a conseguir pequeños y cercanos logros, al reto inmediato. Algo parecido relata uno de los supervivientes del accidente aéreo de 1972 en Los Andes,  Nando Parrado, en su libro “Milagro en los Andes” -de lectura muy recomendada para quien crea atravesar dificultades-, al referirse a  que por encima del caos sentimental que  le apoderaba en esos trágicos momentos, entendió que  sólo estableciendo pequeños logros, objetivos cercanos ,- una piedra en el camino, un risco cercano- podría superar la inmensa barrera de Los Andes que le separaba de cualquier posibilidad de seguir con vida. Su misión, su anhelo, era sobrevivir a cada instante, aceptar sus miedos y sufrimientos y permanecer vivo.

Ningún riesgo es demasiado grande cuando se ha decidido competir consigo mismo, porque al competir tienes más a ganar que a perder, siempre serás ganador, siempre mejoraras en algo, siempre aprenderás algo, no te dejarás atrapar por tus expectativas y menos por las expectativas de otros, ese es el gran poder generador de la competitividad.

Entrada siguiente
Deja un comentario

2 comentarios

  1. Antonio San Román

     /  28/07/2013

    Me ha gustado mucho el artículo, y comparto el espíritu del mismo. Es curioso lo de las metas a largo plazo. Como corredor, cada vez que me enfrento a una cuesta pronunciada, lo primero que hago es bajar la mirada y ver solo los próximos cuatro o cinco pasos. Sé, obviamente, que la cima está ahí, pero también que si fijo mi objetivo en ella, puede abrumarme lo complicado del mismo y hacerme bajar el ritmo. Mejor que eso bajo la cabeza, aprieto, y me fijo sólo en los próximos pasos, y lo más curioso es que esta forma de actuar es que puramente intuitiva, no soy, ni de lejos, un “runner aplicado”. Por cierto ¿de verdad es posible hacer una milla en cuatro minutos?

    Responder

Deja un comentario/ Interact with Us

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: