Con voz de mujer

photo source: Telegraph.co.uk

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La prestigiosa firma consultora americana Booz & Company  realizó un informe durante el año 2013 en el que afirmaba que, durante la próxima década, alrededor de cerca de mil millones de mujeres entrarían a formar parte de la denominada economía global, para entender mejor este número sólo decirles que sería igual a la población mundial estimada allá por el año 1800, ¡se imaginan de la fuerza de trabajo que estamos hablando!. La misma firma indicaba, cómo se habían realizado una serie de investigaciones que permitían afirmar que si en países como Estados Unidos, Japón o Egipto fueran empleadas las mujeres en la misma proporción que lo son los hombres, el efecto de su incorporación al trabajo provocaría un incremento en el Producto Interior Bruto de cada país  de un 5%, 9% y 34% , respectivamente. La transformación económica en los últimos años en países como India o China, impulsada en gran medida con motivo de la masiva incorporación de la mujer a sus procesos económicos, parece dar razón a la reciente afirmación del  secretario general de la OCDE, Angel Gurría, cuando decía: “Women are the most underutilized economic asset in the world’s economy” (Las mujeres son el activo más infrautilizado en la economía mundial).

Qué importancia tiene en la economía global desde un punto de vista práctico para la creación de riqueza para todos el evitar prejuicios, radicalismos y muchos de esos otros “ismos” absurdos. Qué importancia tiene en beneficio de todos la incorporación de la mujer a las organizaciones modernas en plena igualdad de condiciones y oportunidades con los hombres. Construir organizaciones dónde lo que se hace no esté determinado tanto por el género sino por la pasión o el  interés con el  que cada uno lo hace, contribuirá a unas organizaciones más productivas y competitivas y de paso un mundo donde el equilibrio familiar sea cada vez más una realidad y procure una mayor felicidad en su disfrute para todos sus integrantes.

Coincidirán conmigo en que aunque es cierto que las mujeres están haciendo grandes progresos en todos los estamentos sociales, en lo que se refiere al liderazgo de nuestras organizaciones se mantienen todavía estancadas. A nadie se le escapa cuan excepcional es, fomentado por los propios medios de comunicación, cuando una mujer alcanza un puesto en el top de alguna gran organización. Existen datos que confirman que en la década pasada un escaso 14% del total de graduadas hace ya más de 30 años alcanzó a formar parte de la mesa de Consejo en alguna corporación internacional y tan solo el 17%  se sentaron a formar parte del comité de dirección. Estos datos lejos de buscar cualquier comparación confirman que todavía existen numerosas organizaciones en las que la mujer no está sentada en muchos de las mesas donde se toman decisiones. Estos datos confirman que a pesar de que las mujeres ocupan ya desde hace años el top de los ranking universitarios no estamos siendo justos a la hora de poner a los mejores en los puestos de mayor responsabilidad o que no usamos la misma vara de medir según qué y según quién.

Una de las citas más famosas de Warren Buffet hace referencia al coste que la sociedad paga por no incorporar plenamente a la mujer en igualdad de condiciones con el hombre al mundo de los negocios y la empresa, él decía algo como que “una de las principales razones de su éxito era debido a que sólo había tenido que competir con la mitad de la población”. En las carreras de fondo y grandes maratones, ya se sabe que cuanto mayor es el número de corredores, mayores probabilidades de mejorar el tiempo de la última carrera existe. Incorporar esa otra mitad a nuestra carrera por el interés común, sin duda mejoraría los tiempos de la misma.

Saber escuchar, encontrar consensos y construir equipos son conductas universales que atraviesa género, ingresos, y estatus social. Las diferencias entre hombres y mujeres hay que entenderlas y luego celebrarlas pero, a mi juicio, nunca deberían servir para construir estereotipos limitantes. El caso es que hay conductas humanas que no se pueden exigir, -sí ya sé-, los derechos sí se pueden exigir pero no me negarán que esté en concreto es un tema de educación y de conducta, de comportamiento…del CÓMO, podemos exigirlo pero debemos compartirlo.

Sin duda hay que animar a las mujeres a ser líderes en la misma medida que se anima a los hombres, y con ello a la sociedad en su conjunto. Sin embargo, el exigir determinadas conductas a través de métodos imperativos o coercitivos, contribuye a que en algunas organizaciones comienza a ser más fácil hablar en público de la vida sexual de alguien que de cuestiones de género. Acabar con la discriminación allá donde la haya es sin duda un desafío en el que, como en muchos otros, debemos participar juntos mujeres y hombres. Si queremos encontrar el balance de género en el liderazgo de nuestras organizaciones, debemos facilitar el balance de responsabilidades fuera de ellas, en los hogares. No podemos conformarnos con los estereotipos, la conducta social debe facilitar la obtención del interés común porque sólo en ese interés pueden ser perdurables y sostenibles el éxito de las organizaciones modernas ya sean dirigidas por hombres o por mujeres. Como señala Gloria Steinem escritora e icono del feminismo americano, alcanzar el éxito en este asunto es más una cuestión de conciencia  que de biología.

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