MASTERCHIEF

f4530daa-4903-47c1-b423-748651f4e0fb-originalResulta sorprendente que en los tiempos que corren y tras más de una década de esfuerzos por mejorar las habilidades directivas en las organizaciones,  la primera causa de renuncia en la mayoría de las empresas a nivel mundial se vincule con los jefes y su comportamiento. El caso es que en los negocios como en la guerra, las personas en general nos sentimos atraídas por los buenos jefes y seguramente renunciamos a causa de los malos. Una buena amiga siempre me lo dice: “El que vale… vale y el que no…se hace jefe”. ¿Tendrá razón?

La reconocida consultora Gallup a través de uno de sus estudios afirmaba no hace mucho que un 82% de las veces las compañías reconocían haber fallado a la hora de elegir el candidato adecuado para ocupar una posición de jefatura, ¡ 8 de cada 10 jefes resultan no adecuados!, ¿se imaginan el desastre que significaría esto en cualquier otra profesión reconocida? por ejemplo en médicos, profesores, músicos, periodistas, arquitectos…etc., ¿alarmante verdad?, no es de extrañar que vivamos “malos tiempos”en el empleo o en la economía.

A los jefes, a los directivos se les paga para hacer que las cosas se muevan en la dirección adecuada, esa es la finalidad de su trabajo y no otra, lo demás suelen ser trastornos de conducta. Hay que reivindicar su figura, la importancia de su trabajo, su responsabilidad con otros y con las expectativas que sobre sus acciones están depositadas.

Sea como fuere todos podríamos coincidir al afirmar que en la actualidad, entre otras, sigue siendo fundamental para el éxito de cualquier organización contar con un equipo directivo de alto desempeño y liderazgo o lo que es lo mismo contar con lo que siempre se consideró un buen jefe, una persona cuyo éxito está en conseguir el éxito de los demás. Seguro que ahora está esbozando una leve sonrisa de incredulidad y como muchos de las personas que han participado en el estudio Gallup, usted dudará por algún momento en la congruencia de llevar a la práctica esta última afirmación ya que seguramente ha vivido personalmente como todo ello se queda en el mejor de los casos en un bienintecionado propósito y en el peor en un uso impropio del poder.

Sigue diciendo el estudio de Gallup que los “malos jefes” y la forma de ejercer su jefatura cuesta cada año miles de billones de dólares a los negocios de todo el mundo, pero dado que la “mala jefatura”ocurre ya con tanta frecuencia, el gasto asociado se ha incorporado en el ideario general de la mayoría de las empresas, es decir “va de suyo” en el riesgo empresarial.

Sin embargo hay una parte menos tangible de esta situación, al menos, igual de preocupante y que quiero destacar, me refiero a lo que Luis Huete denomina “la patología del poder” y que se produce en el entorno de esos directivos, jefes, nuestros “chiefs” en los que la presión, la competitividad, los riesgos, la abundancia de recompensas, etc. provocan numerosos trastornos de conducta que justificados en el lamentablemente hoy tan popular eslogan del “todo vale” suelen ser muy perjudiciales para las personas que tienen a su cargo.

El caso es que a mi parecer la popularización del término “talento” nada o poco tiene que ver con la realidad que me he encontrado a lo largo de mi carrera profesional en la mayoría de los cargos de responsabilidad, la mayoría de los cuáles sin duda acreditaban ser magníficos economistas, abogados, programadores, periodistas, ingenieros, comerciales, etc. condiciones que sin embargo no garantizaron en modo alguno el que pudieran tener adeptos a su forma de dirigir.

El talento directivo es poco común y difícil de encontrar, no sólo se necesita un sólido conocimiento técnico sobre algo, sino que requiere contar con la capacidad para hacer de tu posición una profesión que precisa cualidades encaminadas, entre otras, a conseguir la motivación de cada empleado por tomar acción en la misión y visión de la compañía a través de su trabajo, a conducir con asertividad a sus colegas frente a la adversidad y la resistencia, a crear una cultura de transparencia y cooperación que reporte beneficio no sólo económico sino también emocional, a establecer un sistema reconocible y creíble de toma de decisiones basado en la productividad y no en la política, etc. Todo ello dependerá en gran medida de la conciencia de los directivos, de sus creencias, de sus valores, en definitiva de su forma de pensar y por último de sus acciones, todo ello difícilmente entrenable en prestigiosas escuelas de negocios, pero sin duda al alcance de todo aquel que adquiera conciencia de ello. Esta dificultad, sin duda tiene su reflejo en la afirmación que el propio estudio hace cuando encuentra que sólo 1 de cada 10 personas posee de forma inherente el talento que se precisa en las organizaciones actuales para ser manager .

Mi propuesta puede ser tachada de absurda pero estoy seguro de que a poco que lo piensen coincidirán conmigo en su razón de ser: Hagamos un “Talent Show” al estilo de muchos otros que salen a menudo por televisión y que ponen en valor las cualidades requeridas para triunfar en una determinada profesión. Fíjense que nos atrevemos a meter en el salón de millones de hogares a las horas de máxima audiencia, valores encendidos de pasión y amor para preparar un mousse de aguacate con pistachos o una empanada gallega de mejillones, hablamos del talento para hacer un plato, presentarlo e incluso probarlo… y sin embargo en un ámbito tan cotidiano como el de nuestras relaciones laborales y profesionales, la más de las veces los ingredientes con los que nos encontramos en muchas organizaciones vienen acompañadas del frasco de la indiferencia a lo que otros piensan, del puchero de la frialdad hacia los sentimientos de los demás, de una mala lectura de la receta del palo y la zanahoria, de la bandeja de la instrumentalización de las personas, del mercadeo de éxitos, de la guarnición de “palmeros” que ríen las ocurrencias del jefe o de las licencias obtenidas para hacer lo que a uno le apetece.

En fin, llámenme incauto pero si conocen a alguien interesado les cedo la idea y  a poco que lo estructure una productora espabilada en el peor de los casos encuentra un éxito de audiencia, dado ese regusto siniestro que tenemos los unos por ver como pasan apuros los otros, pero en el mejor no sólo sirve para entretener a millones de personas sino que además nos ayuda a mejorar los datos del estudio Gallup al respecto de las cualidades de los “chiefs” del nuestro país.

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2 comentarios

  1. Antonio Buades de Armenteras

     /  02/10/2014

    Me parece brillante lo que has escrito.

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