El comportamiento humano…la clave del éxito.

Cómo hacemos lo que hacemos..será la diferenciaViñeta filas

La pregunta que me hago es si es posible que nuestra visión actual de las relaciones en el trabajo límite la forma en qué pensamos, y por lo tanto el cómo las llevamos a cabo.

La pregunta que les hago es si es posible una forma de trabajar juntos más poderosa y más significativa si cambiamos nuestro sistema de creencias en los entornos organizativos.

El caso es que como si de un sistema operativo dominante se tratara, la mayoría de nuestras organizaciones, sus estructuras, sus procesos y sus prácticas se articulan sobre la base de una gestión de personas alimentada en la creencia de que la cooperación y el compromiso surgirán de la competencia, el ego, el juicio y la separación. Un sistema operativo dominante que, cada vez con mayor frecuencia evidencia síntomas claros de ineficacia en su propósito con las personas, generando la sensación de que, si bien ha servido para el mayor progreso de la humanidad en términos económicos y sociales en los últimos cien años, tal vez haya llegado a su límite, tal vez sea hora de reinventarlo.

El caso es que hoy el trabajo supone para una gran mayoría de personas, más tedio y miedo que pasión y propósito, o al menos eso afirman las encuestas que prestigiosas consultoras internacionales realizan con el fin de conocer esto. ¿Qué está pasando, por qué ese desánimo y ese desencuentro entre el propósito de la organización y las personas que en ella trabajan?

Como verán, no tengo respuestas, sólo preguntas, pero soy consciente del poder de las preguntas. Tal vez este sea un asunto donde lo importante no sea tanto lo que hay que decir sino lo que hay que preguntar, tal vez cuestionarnos lo que ocurre nos ayude a cambiar la mirada de nuestras organizaciones y con ello cambiar las cosas que miramos.

No hace falta ser un lince para darse cuenta de la velocidad vertiginosa que están tomando los cambios socio económicos en todas partes.Sin lugar a dudas, durante la última década, nuestra sociedad ha vivido una transformación sin precedentes. Concluir que de esa gran transformación han surgido nuevos retos para el conjunto de la humanidad no sería desacertado; concluir que de entre esos retos destaca la urgente necesidad de replantearse los tradicionales mecanismos de actuación en procesos económicos y sociales es a todas luces -cada vez que miras a tu alrededor- más evidente aún si cabe.

El caso es que hoy vivimos -digámoslo así- una nueva realidad, cuya principal característica más allá del indiscutible avance tecnológico producido, ha sido poner encima de la mesa viejos problemas no resueltos respecto a la actuación requerida por esos procesos económicos y sociales.

El punto clave de esa nueva realidad global, interdependiente e interconectada es que cada vez se hace más evidente que trabajar con un enfoque colaborativo, trabajar con otros, desarrollar proyectos o ideas conjuntamente, compartir visiones, expectativas y valores se convierte en algo esencial e indispensable si se pretende tener algún impacto relevante con nuestra actuación en la resolución de dichos problemas o sencillamente dejar alguna impronta en aquello que hacemos.

La era de Internet ha precipitado una nueva visión del mundo, que contempla más cerca que nunca anteriormente la posibilidad de una inteligencia colectiva y diversa. Frente a la tradicional jerarquía vertical, la jerarquía basada en el puesto de trabajo que ocupas, surge una nueva jerarquía basada en la realización, basada en el qué y cómo hacemos las cosas que hacemos, la influencia de la gente nace de la colaboración y la reputación. ¿Seremos capaces de aprovechar ese potencial?

La lógica habitual ha dado paso a una nueva lógica en la que muchas de las reglas que conocemos se vuelven insuficientes para gobernar la conducta humana.

Decir que se pueden vivir relaciones auténticamente humanas, de amistad y sociabilidad, de solidaridad y de reciprocidad también dentro de la actividad económica o productiva de nuestra sociedad y de nuestras empresas u organizaciones es, hoy en día, ir “contra natura” del estereotipo universal creado alrededor de nuestras relaciones sociales en general y laborales en particular.

En el ideario general sólo se entiende el ganar si es a costa de lo que otros pierden, un absurdo juego de suma cero que no conduce más que a la satisfacción de unos pocos a cambio de la insatisfacción de muchos y que trasladado al ámbito de las organizaciones sólo posibilita el éxito insostenible y perecedero que nos muestra la mayoría de las organizaciones que han actuado con ese lema.

Encontrar catalizadores que promuevan el cambio en estos aspectos no es tarea sencilla. Se trata de un acto de auténtica creatividad, un viaje imaginario hacia un futuro deseable para nosotros y para los que nos sucedan. Este concepto, llamado “visión” está cada vez más presente en el liderazgo empresarial, a pesar de ello, pocas veces encuentras visiones compartidas en una organización, el caso más frecuente es que una persona o un departamento formule en nombre de la organización la visión de aquella y luego la “imponga” al resto de la organización o al menos trate de hacerlo conquistando las visiones personales de cada cual con los más variopintos métodos y herramientas. Como resultado, un sinfín de personas que “acatan” la visión e incluso algunos- los mejor pagados-  que hasta la cuelgan o la pintan en la pared de su despacho si ello fuera necesario para mantener su statu quo, pero…¿ese es el tipo de compromiso que necesitamos para progresar?

Y es que parece lógico, para que una visión sea compartida, debe recoger y reflejar al menos parte de la visión personal de quienes se pretende que la compartan ¿no?. Es de sentido común, un sentido muchas veces olvidado o ignorado en muchas organizaciones gastando ingentes cantidades de dinero por mejorar las capacidades de comunicación de sus directivos para que sean ellos los que transmitan la visión de la organización al resto a través de pintadas en la pared o ejercicios al aire libre tipo picnic de fin de semana.

En mi experiencia, las visiones genuinamente compartidas requieren una comunicación permanente, no sólo cuando o de lo que, interesa a una parte. La comunicación es un viaje con dos direcciones, ida y vuelta. La comunicación es el resultado  y no la solución. Sólo quien esté dispuesto a generar un ambiente profesional en el que los individuos no sólo se sientan libres de expresar sus ideas, sino que también pueden participar de las ideas ajenas, puede proponerse compartir una misma visión.

Una visión compartida sustenta el compromiso del equipo,  el reconocimiento del compromiso ajeno fortalece el propio, así de sencillo. Esta no es una tarea inmediata, exige creer en el largo plazo, tener cierta mentalidad recolectora y no sólo actitud depredadora, ser paciente en la impaciencia del mercado y tratar que cada visión personal se encuentre alineada con la visión global del equipo o de la organización, lo que sin duda exige trabajo, rigor y talento por parte de quien se lo propone, tener en cuenta a sus colaboradores y compañeros, hacer lo posible por conocer sus necesidades y sus aspiraciones, aprender a manejar conversaciones difíciles o complicadas, rebajar tensión sin que la productividad se vea afectada, acomodar los mensajes al interlocutor, apostar por el conversar cara a cara, no despreciar la utilidad de los nuevos métodos de comunicación, desocupar tu ocupada mente para escuchar eficazmente, creer en la humanidad de las personas…etc, sólo así podrás garantizar que la visión de la organización está siendo compartida, lo demás son más especulaciones bien recibidas por la conveniencia del sistema social y económico actual.

La antropóloga Margaret Mead señalaba que nunca había que subestimar el poder de unos pocos comprometidos en cambiar el mundo, ya que de hecho era lo único que lo había logrado.

El caso es que cada vez en mayor medida creo que estamos obligados a alcanzar niveles de conciencia mayores que nos permitan encontrar nuevas formas de colaboración en nuestras organizaciones, formas de colaboración que ayuden a sanar nuestra relación con el mundo y reparar el daño que le hemos causado. Sin duda se necesita coraje para esta búsqueda, el coraje que sólo tienen las personas que se apuntan a la fila de “hacer”, es una tarea de valientes…¿te apuntas?.

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